Cáncer Free

19 Abr

Cáncer Free

Fue un 20 de agosto del año 2,013 cuando una terrible noticia llegó. Un chequeo de rutina de doctor confirmó lo que nunca me hubiera imaginado, el cáncer llegó sigilosamente a mi vida.

Habían pasado ya dos años que sumida en el descuido de mí ser, los chequeos médicos pasaron a segundo y hasta a tercer plano. Vivía en una relación que según yo tenía que salvar, y donde muchas veces puse hasta a la tortuga de la casa antes que a mí. Había decidido terminar esa relación 2 meses atrás, y ahí estaba ese día sola, escuchando un diagnóstico difícil de asimilar y al cual me tenía que enfrentar. “Debemos operar ya” dijo el doctor. Para mi consuelo, las células en mi cuerpo aunque enfermándose a pasos agigantados, todavía eran el PRE de un cáncer que hubiera necesitado quimioterapia. Es cierto lo que dicen algunos, y como en una película, mi vida pasó frente a mí en un abrir y cerrar de ojos. Pensé en mi hijo, mi tesoro; lloré un poco desconsolada, y empezó la planificación de una operación que no sólo se llevaría las células enfermas de mi cuerpo por completo, sino también la posibilidad de ser madre otra vez.

El 23 de octubre desperté de la anestesia a las 10 de la mañana llorando y pidiendo como niña que mi mamá me abrazara. Ese día desperté a una segunda oportunidad de vida donde sólo tenía dos opciones: seguir llorando por lo que me había pasado, o tener paciencia y recuperarme; cambiar completamente MI forma de vivir la vida. Para mi sorpresa, escogí la segunda y descubrí a la guerrera que por mucho tiempo había dormido en mí. Fueron 3 meses de recuperación y por supuesto de otra lucha en mi cabeza, sentirme inútil por no poder agacharme ni cargar absolutamente nada. Acostumbrada a mi deporte querido que es Crossfit, pasé cada uno de todos esos días saliendo a caminar a paso de hormiga y con mucho dolor. Les confieso que no hubo día que yo no renegara, pero también les confieso que no hubo día en el que yo me diera por vencida.

El diagnóstico a tiempo me salvó la vida; entendí que mi salud va antes que cualquier otra cosa. Estar bien para mí, para mi hijo y para los que me rodean es una prioridad. Apreciar cada día de vida se convirtió en una de mis metas. Descubrí que me gusta el cielo, las estrellas, las flores y la música. Vivir es un placer. Hasta el día de hoy estoy sana; religiosamente me hago mi chequeo anual (como todas deberíamos). Mientras llega o no llega otra noticia del tipo que nos hacen recapitular la vida y nos paralizan, yo disfruto plenamente vivir con una Coca Cola light fría en la mano.

Conoce tu cuerpo, está pendiente de cualquier cambio, chequéate. Cuídate, ámate y que nunca sea una opción darte por vencido sin importar lo que venga. La vida muchas veces nos sorprende, y el diagnóstico a tiempo definitivamente puede salvarte la vida.

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